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Crisis en plena fuga

MUNICH - Por un tiempo, parecía que el programa de crédito de 1 billón de euros del Banco Central Europeo para inyectar liquidez al sistema bancario de Europa hubiera calmado a los mercados financieros globales. Pero ahora las tasas de interés de los bonos de los gobiernos italiano y español vuelven a subir, acercándose al 6%.

Por supuesto, puede que este no sea el punto de ruptura más allá del cual la carga de la deuda se hace insostenible. Después de todo, las tasas de interés en el sur de Europa estaban muy por encima del 10% en la década anterior a la introducción del euro. Incluso Alemania en ese tiempo tenía que pagar más del 6% a los tenedores de bonos. Sin embargo, los mercados están dando señales inequívocas de sus crecientes duda sobre si España e Italia estarán dispuestos a soportar la carga de su deuda.

El problema principal es España, donde la deuda externa privada y pública es mayor que las de Grecia, Portugal, Irlanda e Italia juntos y, como en Grecia, se acerca al 100% del PIB (93% para ser precisos). Una cuarta parte de la fuerza de trabajo y la mitad de los jóvenes están desempleados, lo que refleja la pérdida de competitividad del país tras la explosión de la burbuja inmobiliaria, inflada por el crédito barato en euros en el período anterior a la crisis. El déficit de cuenta corriente se mantiene en el 3,5% del PIB, a pesar de la disminución de las importaciones inducida por la recesión, mientras que la contracción económica hará que España vuelva a incumplir su objetivo de déficit presupuestario.

Más aún, la deuda de España con el sistema de liquidaciones TARGET del BCE aumentó en € 55 mil millones ($ 72 mil millones) entre febrero y marzo, ya que se hizo necesario compensar las salidas de capital equivalentes. Desde julio de 2011, la deuda española con el sistema TARGET ha crecido en € 199 mil millones. El capital se encuentra en plena fuga, compensando con creces los flujos de entrada de 2008-2010. Si se considera el total acumulado desde el comienzo del primer año de la crisis (2008), se concluye que el país ha financiado la totalidad de su déficit de cuenta corriente a través de la emisión de dinero.

El panorama no es mucho mejor en Italia, donde la balanza de cuenta corriente ha pasado de un superávit de alrededor del 2% del PIB a un déficit del 3% del PBI en los últimos diez años. La deuda del país con el sistema TARGET aumentó en € 76 mil millones entre febrero y marzo, y el total desde julio de 2011 llega a los € 276 mil millones. Italia también está sufriendo una gran fuga de capitales; de hecho, la huida de los inversores se aceleró después de la inyección de liquidez del BCE.

Hoy parece claro que el propio BCE ha provocado gran parte de la fuga de capitales de países como España e Italia, porque el crédito barato que ofreció alejó al capital privado. Su propósito era restablecer la confianza y lograr una recuperación del mercado interbancario. En esto tampoco ha tenido mucho éxito, a pesar de la enorme cantidad de dinero que puso sobre la mesa.

De hecho, ahora hasta los franceses parecen tambalearse. Con el capital que salió del país entre julio de 2011 y enero de 2012, la deuda de Francia con el sistema TARGET se elevó en € 95 mil millones. El país también ha perdido competitividad debido al crédito barato que significó el euro en sus primeros años. Según un reciente estudio realizado por Goldman Sachs, el nivel de precios francés debe bajar cerca del 20% frente a la media del euro (es decir, depreciar en términos reales) para que la economía recupere competitividad dentro de la eurozona.

Italia tendrá que depreciar en un 10-15% y España cerca de un 20%. Mientras Grecia y Portugal tienen que hacer frente a una deflación por un total de 30% y 35%, respectivamente, las cifras para España e Italia son lo suficientemente altas como para justificar los temores sobre el futuro desarrollo de la eurozona. Estos desequilibrios pueden corregirse sólo con grandes esfuerzos (y eso si es que se logra), y solo si se acepta una década de estancamiento. En cuanto a Grecia y Portugal, permanecer en la eurozona implicará enormes sacrificios.

Muchos solucionarían el problema otorgando crédito cada vez más barato a través de los canales públicos -fondos de rescate, eurobonos o el BCE- desde el sólido y estable núcleo de la eurozona hacia el turbulento sur. Sin embargo, con ello se obligaría injustamente a los ahorristas y contribuyentes de aquellos países a proporcionar capital al sur en condiciones que nunca aceptarían voluntariamente.

Hasta el momento se ha convertido el equivalente a 15.000, 17.000 y 21.000 euros de ahorros alemanes, holandeses y finlandeses por trabajador, respectivamente, desde inversiones transables a créditos de compensación del BCE. Nadie sabe lo que valdrán estos instrumentos si la eurozona llega a romperse.

Sin embargo, por encima de todo, la entrega pública y permanente de crédito barato llevaría en última instancia a Europa a sufrir una enfermedad persistente, si no un colapso económico, ya que la eurozona se convertiría en un sistema de gestión central con control estatal sobre la inversión. Estos sistemas no funcionan, ya que eliminan el mercado de capitales como principal mecanismo de dirección del sistema económico. Uno no puede dejar de admirarse ante la ligereza con que los políticos europeos han emprendido el descenso por esta pendiente resbaladiza.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen